A lo largo de la historia de la Humanidad, los hombres han buscado diversas expresiones para diferenciarse los unos de los otros. Algunas de estas diferencias han tenido como objetivo construir sistemas jerárquicos que justifiquen la dominación y el poder de unos cuantos. En la época medieval, las clases sociales se justificaban por un designio divino: uno nace, no se hace. Este hecho otorgaba a la clase dominante la tranquilidad de saber quién es quién y qué lugar les corresponde dentro de la sociedad. En otros periodos de la historia apareció la escisión civilización y barbarie. Tema común en la literatura del siglo XIX, sirvió a Domingo Sarmiento como estrategia política para llegar a la presidencia de Argentina. Durante el siglo XX, muchos han querido justificar sus fracasos electorales valiéndose de dicha dicotomía; los barbaros eran mayoría. Sin embargo, muchas veces estas mayorías se han unido para derrocar dictadores, defendiendo sus derechos, reivindicando su dignidad y protegiendo lo que les es propio.
Por ello, creo en la capacidad del ser humano para forjar su destino más allá de lo que los dioses tengan planeado para él. Creo en la democracia porque es un sistema que busca la igualdad de oportunidades y de derechos, e intenta erradicar las estructuras que impiden la movilidad social.
Este año, la Academia Sueca decidió premiar la larga trayectoria del escritor peruano Mario Vargas Llosa, hecho que es motivo de orgullo para todo hispanoamericano. Luego de ello, el rey Juan Carlos de España decidió conveniente otorgarle el título nobiliario de marqués. Este hecho -hacer nobles a plebeyos- es algo que las monarquías suelen hacer. Por ejemplo, en el Reino Unido han entrado a formar parte de la nobleza, Elton John, Paul McCartney y Mick Jagger. En España, dentro de los 51 títulos otorgados por el rey Juan Carlos, se incluyen banqueros, académicos y artistas. Sin embargo, el reconocimiento de nuevos nobles es una estrategia para perseverar en el tiempo una época que ya no es compatible con el presente y con las democracias en las que se insertan.
Los títulos de nobleza han sido y seguirán siendo una forma de dividir el mundo. Una forma de negar que somos iguales en derechos desde el momento en que nacemos. Los títulos son anacronismos en una modernidad que busca terminar con los privilegios de unos pocos, una ficción para que el resto de sus vasallos crean que algún día tendrán la oportunidad de convertirse en nobles. Por estas razones, un personaje público como MVLL no puede tomar con humor este hecho y aceptarlo con ligereza. Un hombre que ha declarado abiertamente ser agnóstico, aliado de la libertad, de la justicia y de los valores democráticos, no debe perder de vista lo que realmente representa y ha representado una monarquía: el poder de uno solo. Lo que resulta inaceptable para alguien que condena las dictaduras de cualquier índole.
Por ello, creo en la capacidad del ser humano para forjar su destino más allá de lo que los dioses tengan planeado para él. Creo en la democracia porque es un sistema que busca la igualdad de oportunidades y de derechos, e intenta erradicar las estructuras que impiden la movilidad social.
Este año, la Academia Sueca decidió premiar la larga trayectoria del escritor peruano Mario Vargas Llosa, hecho que es motivo de orgullo para todo hispanoamericano. Luego de ello, el rey Juan Carlos de España decidió conveniente otorgarle el título nobiliario de marqués. Este hecho -hacer nobles a plebeyos- es algo que las monarquías suelen hacer. Por ejemplo, en el Reino Unido han entrado a formar parte de la nobleza, Elton John, Paul McCartney y Mick Jagger. En España, dentro de los 51 títulos otorgados por el rey Juan Carlos, se incluyen banqueros, académicos y artistas. Sin embargo, el reconocimiento de nuevos nobles es una estrategia para perseverar en el tiempo una época que ya no es compatible con el presente y con las democracias en las que se insertan.
Los títulos de nobleza han sido y seguirán siendo una forma de dividir el mundo. Una forma de negar que somos iguales en derechos desde el momento en que nacemos. Los títulos son anacronismos en una modernidad que busca terminar con los privilegios de unos pocos, una ficción para que el resto de sus vasallos crean que algún día tendrán la oportunidad de convertirse en nobles. Por estas razones, un personaje público como MVLL no puede tomar con humor este hecho y aceptarlo con ligereza. Un hombre que ha declarado abiertamente ser agnóstico, aliado de la libertad, de la justicia y de los valores democráticos, no debe perder de vista lo que realmente representa y ha representado una monarquía: el poder de uno solo. Lo que resulta inaceptable para alguien que condena las dictaduras de cualquier índole.